¿Quién fue Salomón en la Biblia?
Introducción
Imagínate a un hombre de unos veinte años, recién coronado, de pie sobre un altar en Gabaón. Su padre acaba de morir. El reino que hereda es joven, frágil, lleno de rivalidades y de cuentas pendientes. Y esa noche Dios se le aparece en sueños y le dice algo que suena a cheque en blanco: pide lo que quieras. El muchacho no pide victorias, ni años, ni oro. Pide entender. Pide un corazón capaz de discernir.
Cuarenta años después, ese mismo hombre es el rey más famoso de Oriente, dueño de una flota, de un templo dorado y de una sabiduría que atrae reinas desde el otro lado del desierto. Y la Biblia, con una honestidad que duele, dice que su corazón ya no era íntegro con Dios.
Aquí vamos a recorrer esa vida completa, del sueño de Gabaón al silencio del final, y a descubrir por qué la historia de Salomón es una de las más necesarias que existen para cualquiera que quiera amar a Dios sin dividirse.
El enfoque de esta guía
Casi todo lo que se escribe sobre Salomón se organiza alrededor de una palabra: sabiduría. Aquí vamos a mirarlo desde otro ángulo, uno que el mismo texto bíblico subraya y que nosotros solemos esquivar: Salomón no cayó por falta de sabiduría, sino por falta de un corazón entero. Tuvo más discernimiento que cualquier contemporáneo y, aun así, terminó construyendo altares a dioses ajenos para agradar a sus esposas. Su vida demuestra que saber lo correcto y amar a Dios sin reservas no son la misma cosa. Y por eso su historia apunta, casi a gritos, a otro Hijo de David que sí tuvo ambas.
¿Qué dice la Biblia sobre Salomón?
Salomón aparece por primera vez en 2 Samuel 12, y su nacimiento está envuelto en la peor historia de la vida de su padre. Es hijo de David y de Betsabé, la mujer que David tomó tras el adulterio y el asesinato de Urías. El primer hijo de esa unión murió. El segundo fue Salomón, y el texto añade un detalle conmovedor: el Señor lo amó, y envió al profeta Natán a ponerle un segundo nombre, Jedidías, que significa "amado de Jehová". Vale la pena detenerse ahí. La dinastía mesiánica no continúa por un hijo impecable de un matrimonio ejemplar, sino por un niño nacido en el escombro de un pecado perdonado.
Su llegada al trono no fue tranquila. En 1 Reyes 1 su hermano mayor Adonías se proclama rey mientras David agoniza, y hace falta la intervención de Betsabé, del profeta Natán y del sacerdote Sadoc para que David confirme a Salomón como sucesor. El reinado empieza, en 1 Reyes 2, con una limpieza política dura: Adonías, Joab y Simei son ejecutados, Abiatar es desterrado. No es un comienzo romántico. Es un hombre joven consolidando un reino que todavía podía partirse en dos.
Y entonces llega Gabaón. En 1 Reyes 3:5 leemos: "En Gabaón se apareció Jehová á Salomón en sueños una noche, y díjole Dios: Pide lo que quisieres que yo te dé." La respuesta de Salomón es el corazón de toda su historia:
"Da pues á tu siervo corazón dócil para oir juicio, para discernir entre lo bueno y lo malo: porque ¿quién podrá gobernar este tu pueblo tan grande?" (1 Reyes 3:9)
Fíjate en lo que pide: no una cabeza brillante, sino un corazón que sepa oír. En hebreo, el "corazón" no es la sede de las emociones sino del pensamiento, la voluntad y la lealtad. Salomón pide que su centro entero funcione bien delante de Dios. Y pide en la conciencia de ser pequeño: "yo soy joven, y no sé cómo entrar ni salir", dice unos versículos antes. Esa es la oración de un hombre que sabe que el pueblo no es suyo, sino de Dios.
La respuesta divina se registra con más detalle en 2 Crónicas 1:11-12: "Y dijo Dios á Salomón: Por cuanto esto fué en tu corazón, que no pediste riquezas, hacienda, ó gloria, ni la vida de tus enemigos, ni pediste tampoco muchos días, sino que has pedido para ti sabiduría y ciencia para juzgar mi pueblo, sobre el cual te he puesto por rey, sabiduría y ciencia te es dada; y también te daré riquezas, hacienda, y gloria, cual nunca hubo á los reyes que han sido antes de ti, ni después de ti habrá tal." Dios no solo concede lo pedido, sino que añade todo lo que no se pidió. Es la lógica del Reino siglos antes de que Jesús la formule en el Sermón del Monte: busca primero lo esencial y lo demás viene por añadidura.
El resultado se describe con una imagen inolvidable en 1 Reyes 4:29: "Y dió Dios á Salomón sabiduría, y prudencia muy grande, y anchura de corazón como la arena que está á la orilla del mar." Anchura de corazón. Amplitud. Capacidad de abarcar. La misma palabra que Dios había usado para prometer a Abraham una descendencia como la arena del mar se usa ahora para describir el interior de un hombre. Salomón compone tres mil proverbios y mil cinco cantares, habla de árboles, de bestias, de aves y de peces, y de todas las naciones vienen a escucharlo.
Sobre esa base se construye todo lo demás: el Templo de Jerusalén, levantado en siete años con cedros del Líbano y oro de Ofir; el palacio; las ciudades fortificadas; el comercio marítimo; la visita de la reina de Sabá, que se queda sin aliento ante lo que ve. Cuarenta años de reinado, según 1 Reyes 11:42. Israel nunca volvió a tener un momento así.
Nunca tuvo tanto un hombre, y nunca le alcanzó tan poco.
El hilo que recorre la Biblia
Salomón no es un personaje aislado; es un eslabón. Para entenderlo hay que retroceder a 2 Samuel 7, donde Dios promete a David que su hijo edificará una casa para el nombre del Señor y que su trono será afirmado para siempre. Salomón es el primer cumplimiento visible de esa promesa. Construye el Templo, unifica el territorio y gobierna en paz sobre un pueblo numeroso. Es, por un momento, la imagen del reino tal como debía ser: el rey sabio, el pueblo seguro, la presencia de Dios en medio.
Pero hay otro texto que proyecta sombra sobre toda su biografía. En Deuteronomio 17, mucho antes de que existiera un rey en Israel, Dios advirtió que el futuro monarca no debía acumular caballos, ni mujeres, ni plata y oro en exceso. Salomón hizo exactamente las tres cosas. Su reinado es, al mismo tiempo, el punto más alto del Antiguo Testamento y la demostración de que ningún hijo de David bastaría. El Templo se llena de gloria y el corazón del constructor se vacía de lealtad. El hilo, entonces, no es "qué hombre tan sabio", sino "hace falta alguien más".
Tres libros de la Biblia llevan su huella. Proverbios empieza así: "Los proverbios de Salomón, hijo de David, rey de Israel:" (Proverbios 1:1). Es el legado de su don, la sabiduría puesta al servicio de la vida diaria, del trabajo, del dinero, de la lengua y del matrimonio. Eclesiastés recoge la voz del hombre que lo probó todo y llegó al fondo del vaso. Y el Cantar de los Cantares celebra el amor con una pureza que contrasta dolorosamente con las setecientas esposas de 1 Reyes 11. La Escritura conserva su genio y, en el mismo aliento, denuncia su incoherencia.
En el Nuevo Testamento Jesús lo menciona dos veces, y las dos son reveladoras. La primera, hablando de las flores del campo: "Mas os digo, que ni aun Salomón con toda su gloria fué vestido así como uno de estos" (Mateo 6:29). El rey más espléndido de la historia de Israel queda por debajo de un lirio silvestre que Dios vistió sin que nadie lo notara. Toda la magnificencia de Salomón, medida en la balanza del Padre celestial, pesa menos que el cuidado cotidiano con que Dios sostiene lo pequeño.
La segunda vez es aún más directa. En Mateo 12:42, Jesús recuerda que la reina del sur vino desde los confines de la tierra para oír la sabiduría de Salomón, y concluye: "he aquí más que Salomón en este lugar". Más. No un poco mejor, sino de otro orden. Pablo lo dirá con otras palabras al afirmar que Cristo "nos ha sido hecho de Dios sabiduría, y justicia, y santificación, y redención" (1 Corintios 1:30), y Colosenses 2:3 declara que en él "están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y la ciencia". Salomón recibió sabiduría; Jesús es la Sabiduría. Salomón construyó el templo; Jesús dijo que su cuerpo era el templo. Salomón tuvo un corazón que se dividió; Jesús tuvo un corazón entero hasta la cruz.
El corazón de su vida
Tres escenas resumen a Salomón, y las tres giran alrededor de la misma palabra: corazón.
La primera es Gabaón, que ya vimos. Un rey joven pide "corazón dócil para oir". Es el mejor momento de su vida espiritual, y ocurre cuando todavía se siente incapaz. Dios responde con generosidad desbordada porque la petición nació de un lugar correcto: "Por cuanto esto fué en tu corazón", dice 2 Crónicas 1:11. Dios no evaluó la elocuencia de la oración, sino de dónde salía. Poco después, el famoso juicio entre las dos madres que reclaman al mismo niño muestra esa sabiduría funcionando: Salomón no resuelve el caso con lógica jurídica, sino leyendo el amor de una madre verdadera. Sabiduría con entrañas.
La segunda escena es la dedicación del Templo, en 1 Reyes 8, probablemente la cumbre de todo el Antiguo Testamento antes del exilio. El arca entra en el lugar santísimo, la nube llena la casa, y Salomón, de pie ante el altar con las manos extendidas al cielo, ora por Israel y también por el extranjero que venga a buscar a Dios. En medio de esa oración suelta una frase que ningún constructor de templos habría dicho: "Empero ¿es verdad que Dios haya de morar sobre la tierra? He aquí que los cielos, los cielos de los cielos, no te pueden contener: ¿cuánto menos esta casa que yo he edificado?" (1 Reyes 8:27). Acaba de gastar siete años y una fortuna en ese edificio, y sabe perfectamente que no alcanza. Ese es Salomón en su mejor forma: brillante, generoso y consciente de sus límites.
La tercera escena no tiene música ni nube de gloria. Está en 1 Reyes 11:4: "Y ya que Salomón era viejo, sus mujeres inclinaron su corazón tras dioses ajenos; y su corazón no era perfecto con Jehová su Dios, como el corazón de su padre David." La palabra traducida "perfecto" no significa impecable, sino completo, indiviso, todo de una pieza. David pecó de formas terribles, pero su corazón siempre volvía al mismo dueño. El de Salomón se repartió. Setecientas esposas y trescientas concubinas, casi todas alianzas políticas con pueblos que adoraban a Astoret, a Moloc y a Milcom. Y para no ofender a nadie, el rey más sabio del mundo construyó santuarios a esos dioses en los montes frente a Jerusalén, a la vista del Templo que él mismo había levantado.
No fue una caída repentina. Fue una concesión tras otra, durante décadas, cada una razonable en su momento. Y el juicio llega en 1 Reyes 11:11, cuando Dios le anuncia que el reino será partido y entregado a su siervo, aunque no en sus días, por amor a David. Salomón muere rey, rico y famoso, con un reino ya condenado a romperse. Su hijo Roboam lo perdería un año después.
La sabiduría se le concedió; la fidelidad había que vivirla cada día.
Lo que aprendemos de Salomón
Lo primero, y lo más incómodo: el conocimiento no protege el corazón. Salomón escribió capítulos enteros advirtiendo contra la mujer extraña, contra la codicia y contra la autosuficiencia. Sabía diagnosticar con precisión quirúrgica el pecado que lo estaba matando. Eso debería curarnos de la ilusión de que más estudio bíblico equivale automáticamente a más santidad. La Escritura no funciona como información acumulada, sino como alimento asimilado. Se puede subrayar Proverbios entero y seguir construyendo altares privados a los ídolos que nos convienen.
Lo segundo: las bendiciones de Dios pueden convertirse en el escenario de nuestra ruina. Dios le dio riquezas, gloria y paz, y ninguna de esas cosas era mala. Pero el oro trajo alianzas, las alianzas trajeron matrimonios, los matrimonios trajeron dioses ajenos, y los dioses ajenos trajeron impuestos, trabajos forzados y descontento popular. Eclesiastés 2:11 lo confiesa sin maquillaje: "Miré yo luego todas las obras que habían hecho mis manos, y el trabajo que tomé para hacer las: y he aquí, todo vanidad y aflicción de espíritu; y no hay provecho debajo del sol." Es el testimonio de un hombre que consiguió absolutamente todo lo que quiso y se quedó con las manos llenas de viento. Si algo así se puede decir de una vida coronada de éxito, conviene revisar qué esperamos nosotros de la nuestra.
Lo tercero: la fidelidad se juega en lo pequeño y en lo tardío. Salomón no falló en el examen grande de los veinte años, falló en las decisiones pequeñas de los cincuenta. No hay un momento en su biografía donde renuncie formalmente a Dios; hay una lenta erosión de límites, un "esto no es tan grave", un "es solo política", un "ella también necesita su lugar de culto". Nuestra vida espiritual rara vez se pierde de golpe. Se pierde por acumulación de excepciones.
Y lo cuarto, porque hace falta terminar con esperanza: el don de Dios no depende de nuestra perfección. Salomón nació de un matrimonio manchado, y Dios lo amó y lo llamó "amado". Escribió libros inspirados y terminó mal, y Dios conservó sus palabras en la Biblia para bendición de todas las generaciones. Su vida no valida el pecado, pero sí demuestra que la gracia es más antigua y más tenaz que nuestros fracasos. De la línea de Salomón, según Mateo 1, vendría el Mesías.
El espejo
Tú y yo no tenemos setecientas esposas ni flotas en Tarsis, pero conocemos perfectamente el mecanismo. Empieza con algo que Dios te dio de verdad. Un trabajo que llegó como respuesta a una oración. Una casa. Un don para hablar, para organizar, para ganar dinero. Un matrimonio. Y luego, sin ninguna decisión consciente, ese regalo empieza a pedir más espacio del que le corresponde, y tú lo vas dando, porque total, es una bendición de Dios.
¿Cuándo fue la última vez que le pediste a Dios algo que no se pudiera medir? Salomón pidió un corazón capaz de oír. Nosotros pedimos resultados. Y cuando llegan los resultados, descubrimos que no traían el corazón dentro.
Hazte las preguntas difíciles. ¿Qué parte de tu vida has declarado, en la práctica, zona neutral, un lugar donde el señorío de Cristo no aplica? Puede ser la manera en que hablas de tu jefe. Puede ser lo que ves cuando nadie te ve, a las once de la noche, con el teléfono en la mano. Puede ser el rincón del presupuesto que nunca sometes a nadie. Puede ser esa relación que sabes que te está inclinando el corazón, poco a poco, hacia otro lado. Salomón construyó los santuarios de Moloc fuera de Jerusalén, en los montes de enfrente, a distancia respetable del Templo. Nosotros también sabemos construir a distancia respetable.
Lo liberador es esto: Dios no te está pidiendo que seas impecable. A David lo llamó hombre conforme a su corazón después del adulterio, porque David siempre volvía. La pregunta no es si has fallado, sino si todavía tienes un solo dueño. Un corazón entero no es un corazón sin heridas; es un corazón sin repartir. Y eso puedes pedirlo hoy, con las mismas palabras de un rey joven y asustado en Gabaón.
Explicado para niños
A los niños, la historia de Salomón se les puede contar como la historia del mejor regalo y la peor decisión. Dios le dijo a un rey muy joven: "Pídeme lo que quieras". Y él, en lugar de pedir juguetes, dinero o vivir mil años, pidió algo raro: entender bien las cosas para poder cuidar a la gente. A Dios le gustó tanto esa petición que le dio la sabiduría y todo lo demás. Salomón se volvió famoso en el mundo entero, construyó una casa hermosísima para Dios y escribió muchos dichos sabios que todavía leemos.
Pero después, cuando ya era viejo, Salomón empezó a querer agradar a todos y dejó que otros dioses entraran en su vida. Su corazón se dividió en muchos pedacitos, y al final ya no estaba todo con Dios. Por eso Jesús dijo que él es "más que Salomón": Jesús es más sabio, más bueno, y su corazón nunca se dividió.
Con los más pequeños conviene quedarse en la escena de la oración y la idea de pedirle a Dios cosas del corazón. Con los de primaria funciona muy bien el juicio de las dos madres y la construcción del Templo, porque son imágenes concretas. Y con los adolescentes se puede ir más lejos: hablar de por qué alguien tan inteligente terminó tan lejos de Dios, y de cómo las concesiones pequeñas cambian una vida entera.
En Faith.network encontrarás explicaciones específicas de la vida de Salomón adaptadas a distintas edades, para preescolares de tres a seis años, para niños de siete a doce y para jóvenes de doce en adelante, con el mismo mensaje contado de la manera que cada edad puede recibir.
Preguntas frecuentes
¿Quién fue Salomón en la Biblia?
Salomón fue el tercer rey de Israel, hijo de David y Betsabé, y reinó aproximadamente cuarenta años en el siglo décimo antes de Cristo. Su reinado fue el más próspero de la historia de Israel: construyó el Templo de Jerusalén, expandió el comercio y recibió de Dios una sabiduría tan extraordinaria que gente de otras naciones viajaba para escucharlo. Se le atribuyen los libros de Proverbios, Eclesiastés y el Cantar de los Cantares. Su historia termina en tragedia: en su vejez permitió el culto a dioses ajenos y el reino se dividió después de su muerte.
¿Por qué Salomón pidió sabiduría y no riquezas?
Porque sabía que la tarea lo superaba. En 1 Reyes 3 reconoce que es joven y que no sabe "cómo entrar ni salir", y que el pueblo que debe gobernar es demasiado numeroso para contarlo. Su petición nace de la conciencia de que el pueblo era de Dios, no suyo, y que administrarlo bien requería discernimiento moral, no poder. Dios valoró precisamente esa motivación: "Por cuanto esto fué en tu corazón, que no pediste riquezas", dice 2 Crónicas 1:11, y le concedió la sabiduría junto con todo lo que no había pedido.
¿Cuántas esposas tuvo Salomón y por qué tantas?
1 Reyes 11:3 registra setecientas esposas y trescientas concubinas. La mayoría de esos matrimonios eran tratados diplomáticos: casarse con la hija de un rey vecino garantizaba paz y comercio, y era práctica común entre los monarcas de la época. El problema es que Deuteronomio 17 lo había prohibido expresamente, advirtiendo que las mujeres extranjeras desviarían el corazón del rey. Fue exactamente lo que pasó. Cada alianza trajo su propio culto, y el rey construyó santuarios para satisfacer a sus esposas, hasta que su corazón dejó de ser íntegro con Dios.
¿Qué libros de la Biblia escribió Salomón?
La tradición le atribuye tres: Proverbios, que se abre diciendo "Los proverbios de Salomón, hijo de David, rey de Israel" (Proverbios 1:1); Eclesiastés, cuyo autor se presenta como hijo de David y rey en Jerusalén; y el Cantar de los Cantares. También se le atribuyen los Salmos 72 y 127. Proverbios contiene además secciones recopiladas por otros, como los dichos de Agur y Lemuel, y palabras reunidas por los hombres del rey Ezequías. 1 Reyes 4:32 menciona que compuso tres mil proverbios y mil cinco cantares, de los cuales solo conservamos una parte.
¿Se salvó Salomón? ¿Se arrepintió al final de su vida?
La Biblia no lo dice, y conviene respetar ese silencio. 1 Reyes 11 describe su desvío sin registrar ningún arrepentimiento explícito, y muere sin que el texto mencione una vuelta a Dios. Muchos lectores han visto en Eclesiastés la voz de un hombre desengañado que finalmente aconseja: "Teme á Dios, y guarda sus mandamientos". Otros lo leen como reflexión anterior. Lo cierto es que Dios lo llamó "amado de Jehová" al nacer y preservó sus escritos en la Escritura. El juicio final sobre su alma pertenece a Dios, no a nosotros.
¿Qué le pasó al templo que construyó Salomón?
Fue destruido por el ejército babilónico de Nabucodonosor en el año 586 antes de Cristo, unos cuatro siglos después de su construcción, cuando Jerusalén cayó y el pueblo fue llevado al exilio. Los tesoros de oro que Salomón había acumulado habían sido saqueados parcialmente mucho antes, ya en el reinado de su hijo Roboam. Tras el regreso del exilio se construyó un segundo templo, más modesto, ampliado luego por Herodes, y ese fue destruido por los romanos en el año 70 después de Cristo.
¿Quién fue la reina de Sabá y por qué visitó a Salomón?
Fue una monarca de un reino del sur de Arabia, probablemente en la región del actual Yemen, que viajó a Jerusalén tras oír la fama de Salomón. 1 Reyes 10 cuenta que llegó con enigmas para probarlo, y que quedó sin aliento al ver su sabiduría, su mesa, sus siervos y el orden de su casa. Le trajo oro, especias y piedras preciosas. Jesús la menciona en Mateo 12:42 como testigo de acusación: ella cruzó el desierto para oír a Salomón, y su generación tenía delante a alguien mayor y no lo escuchó.
¿Por qué se dividió el reino después de Salomón?
Por dos razones que se entrelazan. La primera es teológica: Dios le anunció en 1 Reyes 11 que, por haber seguido a otros dioses, el reino le sería quitado y entregado a su siervo, aunque no en sus días, por amor a David. La segunda es histórica: el nivel de vida del reinado se sostenía con impuestos altos y trabajos forzados que pesaron especialmente sobre las tribus del norte. Cuando Roboam se negó a aliviar esa carga, diez tribus se separaron y siguieron a Jeroboam, quedando solo Judá y Benjamín en manos de la casa de David.
¿Qué significa que Salomón tenía "anchura de corazón"?
Es la expresión que usa 1 Reyes 4:29 para describir su don: "Y dió Dios á Salomón sabiduría, y prudencia muy grande, y anchura de corazón como la arena que está á la orilla del mar." En el pensamiento hebreo el corazón es el centro de la inteligencia y la voluntad, así que la imagen habla de una capacidad enorme de comprender, abarcar y relacionar. Salomón podía hablar de botánica, de zoología, de administración, de justicia y de la vida interior del ser humano. Es una amplitud que asombra y que, tristemente, no impidió su división interior.
¿Es verdad que Salomón fue el hombre más sabio de la historia?
La Biblia afirma que nadie como él hubo antes ni habría después entre los reyes en cuanto al don que Dios le concedió (1 Reyes 3:12). Pero la Escritura misma relativiza ese superlativo cuando Jesús declara: "más que Salomón en este lugar" (Mateo 12:42). La sabiduría de Salomón fue un regalo administrado por un hombre caído; la de Cristo es la sabiduría de Dios encarnada, y en él "están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y la ciencia" (Colosenses 2:3). Salomón recibió sabiduría. Jesús la es.
¿Qué significa el nombre Salomón?
Viene de la raíz hebrea shalom, que significa paz, plenitud, integridad. El nombre encaja con su reinado, el único largo período sin guerras en la historia de Israel, y con la promesa que Dios había hecho a David de que su hijo sería un hombre de descanso. Al nacer recibió también un segundo nombre por medio del profeta Natán: Jedidías, "amado de Jehová" (2 Samuel 12:25). Hay una ironía dolorosa en el nombre: el rey de la paz nunca encontró paz interior, y lo confiesa en Eclesiastés.
¿Qué quiso decir Jesús al mencionar a Salomón y los lirios?
En Mateo 6:29 Jesús dice: "Mas os digo, que ni aun Salomón con toda su gloria fué vestido así como uno de estos." Está enseñando sobre la ansiedad y usa el ejemplo más extremo de lujo que su audiencia conocía. Su argumento es que el Padre celestial viste con más belleza a una flor efímera del campo que un rey con toda su riqueza, y que por lo tanto se ocupará también de quienes buscan primero su Reino. Es una forma delicada de poner el imperio de Salomón por debajo de la providencia diaria de Dios.
¿Por qué dice Eclesiastés que todo es vanidad si Salomón tuvo tanto éxito?
Precisamente por eso. Eclesiastés 2:11 es el balance de un hombre que no se quedó sin nada, sino que lo probó todo: construcción, arte, música, viñas, jardines, oro, placer, conocimiento. "Y he aquí, todo vanidad y aflicción de espíritu; y no hay provecho debajo del sol." La palabra hebrea traducida "vanidad" significa vapor, aliento, algo que se te escapa entre los dedos. El libro no enseña pesimismo, sino realismo: nada "debajo del sol" puede sostener un corazón humano, y por eso remite a temer a Dios y guardar sus mandamientos.
Para cerrar
Si la vida de Salomón te deja incómodo, es porque está funcionando. Su historia desmonta la idea de que el problema espiritual del ser humano es un déficit de información. Él tuvo el don que todos querríamos, la respuesta directa a la oración más bonita del Antiguo Testamento, y aun así se fue diluyendo, concesión por concesión, hasta que la Escritura tuvo que decir de él que su corazón no era perfecto con el Señor su Dios. No le faltó sabiduría. Le faltó un corazón sin repartir.
Y ahí es donde la historia deja de hablar de Salomón y empieza a hablar de Cristo. El único Hijo de David que tuvo a la vez la sabiduría entera y el corazón indiviso es el que Jesús describió como "más que Salomón". Él no construyó un templo, se ofreció como templo. No pidió un corazón dócil, lo tuvo hasta la cruz. Y lo que ofrece no es un consejo mejor, sino un corazón nuevo.
Así que lee Proverbios para aprender a vivir, lee Eclesiastés para curarte de las ilusiones, y lee 1 Reyes 11 despacio, con tu propia vida delante. Luego reza como el rey joven de Gabaón, pero pide algo más: no solo un corazón que entienda, sino un corazón entero.
