Saúl, rey de Israel: el reinado que el texto no suaviza
Saúl es el rey de Israel del tiempo de la monarquía unida, hijo de Kish. Según Ussher, Annals of the World (1650), reinó de 1095 a. C. a 1055 a. C. Su huella en el texto es enorme: 327 versículos repartidos en unos cincuenta pasajes, desde su primera aparición en 1 Samuel 9:2 hasta una última mención en Acts. La mayor concentración está en 1 Samuel, con 241 versículos; le siguen 2 Samuel con 57, 1 Chronicles con 22, Psalms con cinco, Isaiah con uno y Acts con uno. Pocos personajes ocupan tanto espacio narrativo.
Una casa grande
Como esposas figuran Ahinoam y Rizpah, y como hijos Jonathan, Abinadab, Malchi-shua, Merab, Michal, Ish-bosheth, Armoni y Mephibosheth. Varios de esos nombres reaparecen en los pasajes finales de su historia y en los capítulos que siguen a su muerte (1 Samuel 14:49-52; 2 Samuel 3:6-8; 2 Samuel 21:6-8).
Las escenas que el texto conserva
El material sobre Saúl está hecho casi todo de escenas, no de listas. Su aparición y sus primeros movimientos como rey se registran en 1 Samuel 9:17-19, 1 Samuel 9:24-27, 1 Samuel 10:14-16, 1 Samuel 11:4-7, 1 Samuel 11:11-13 y 1 Samuel 13:1-4; de estos pasajes aquí no se dispone del texto, de modo que solo quedan señalados. Lo mismo vale para 1 Samuel 13:9-11, 1 Samuel 15:4-7, 1 Samuel 15:11-13 y 1 Samuel 17:11-15.
De las escenas cuyo texto sí tenemos, la primera muestra a Saúl juzgando dentro de su propio ejército. Echa suertes y la suerte cae sobre su hijo: «Entonces Saúl dijo á Jonathán: Declárame qué has hecho. Y Jonathán se lo declaró, y dijo: Cierto que gusté con la punta de la vara que traía en mi mano, un poco de miel: ¿y he aquí he de morir? Y Saúl respondió: Así me haga Dios y así me añada, que sin duda morirás, Jonathán» (1 Samuel 14:40-47). La cita se detiene justo en ese juramento.
La segunda escena es el quiebre. David vuelve victorioso, Saúl lo asciende, y entonces canta el pueblo: «Saúl hirió sus miles, y David sus diez miles. Y enojóse Saúl en gran manera, y desagradó esta palabra en sus ojos, y dijo: A David dieron diez miles, y á mí miles; no le falta más que el reino. Y desde aquel día Saúl miró de través á David» (1 Samuel 18:5-13). El rey calcula el futuro y no le gusta lo que ve.
La tercera escena deja al descubierto ese cálculo. Saúl ofrece a su hija Merab, pero el narrador nos deja oír lo que piensa: «No será mi mano contra él, mas la mano de los Filisteos será contra él». Merab termina dada «por mujer á Adriel Meholatita», y cuando se entera de que Michâl ama a David, Saúl dice: «Yo se la daré, para que le sea por lazo, y para que la mano de los Filisteos sea contra él» (1 Samuel 18:17-25). Una boda convertida en trampa.
La persecución que sigue ocupa muchos capítulos, citados aquí sin relato por no disponerse de su texto: 1 Samuel 19:9-11, 1 Samuel 19:17-21, 1 Samuel 23:7-17, 1 Samuel 23:24-28, 1 Samuel 24:1-5, 1 Samuel 24:7-9 y 1 Samuel 26:1-7.
La noche de Endor
«Y cuando vió Saúl el campo de los Filisteos, temió, y turbóse su corazón en gran manera. Y consultó Saúl á Jehová; pero Jehová no le respondió, ni por sueños, ni por Urim, ni por profetas» (1 Samuel 28:3-10). El mismo rey que «había echado de la tierra los encantadores y adivinos» ordena entonces: «Buscadme una mujer que tenga espíritu de pythón». Sus criados le señalan una en Endor. El silencio no lo devuelve al arrepentimiento, lo empuja a lo que él mismo había prohibido. Samuel ya estaba muerto y sepultado en Rama, dice el mismo pasaje; el campamento filisteo estaba en Sunam y el de Saúl en Gilboa.
El final
«Y agravóse la batalla sobre Saúl, y le alcanzaron los flecheros, y fué de los flecheros herido. Entonces dijo Saúl á su escudero: Saca tu espada, y pásame con ella, porque no vengan estos incircuncisos, y hagan escarnio de mí; mas su escudero no quiso, porque tenía gran miedo. Entonces Saúl tomó la espada, y echóse sobre ella» (1 Chronicles 10:2-8). En esa misma batalla mueren Jonathán, Abinadab y Malchîsua, y el cronista cierra sin adornos: «Así murió Saúl, y sus tres hijos; y toda su casa murió juntamente con él». El relato paralelo y lo que vino después se leen en 1 Samuel 31:2-8, 1 Chronicles 10:11-13, 2 Samuel 1:4-6, 2 Samuel 1:21-24 y 2 Samuel 21:11-14.
Los fracasos, dichos sin rodeos
Los textos conservados no permiten idealizarlo. Jura la muerte de su propio hijo por un poco de miel (1 Samuel 14:40-47). Envidia a David hasta mirarlo «de través» (1 Samuel 18:5-13). Usa a sus hijas como «lazo» para que otros maten en su lugar (1 Samuel 18:17-25). Y al final busca precisamente a quienes él había expulsado (1 Samuel 28:3-10).
Lo que no sabemos
No hay aquí incógnitas declaradas, pero sí límites reales. Del pasaje más extenso sobre Saúl, 1 Samuel 23:7-17, no se conserva texto utilizable, y de la mayoría de sus escenas tenemos solo la referencia. Nada se dice en este material sobre su aspecto, su formación ni sus años previos al trono más allá de lo citado.
El hilo que llega hasta Acts
De los 327 versículos, uno solo cruza a la predicación posterior: Acts 13:21. No se dispone de su texto, de modo que no se puede decir más de lo que esa referencia sostiene. Es un hilo delgado, pero existe: la historia de este rey quedó dentro de la memoria que la iglesia siguió contando.
