Abel: el pastor cuya sangre todavía habla
Quién fue Abel y cuándo vivió
Abel es hijo de Adam y de Eve, hermano de Cain y de Seth. Su nombre se escribe en el original הֶ֫בֶל. Vivió en la era anterior al diluvio, hacia 4004 a. C. a 2348 a. C., era situada según la cronología de Ussher (1650). Todo lo que se dice de él cabe en nueve versículos repartidos en cinco pasajes: cinco menciones en Genesis, dos en Hebrews, una en Matthew y una en Luke. Es una de las vidas más breves del relato, y sin embargo los libros posteriores vuelven a ella cuatro veces. Conviene advertir además que ese mismo nombre designa también un pueblo, una tribu o un lugar, de modo que buena parte de las veces que aparece no se refiere a este hombre.
Un pastor de ovejas
La primera noticia lo presenta junto a su hermano mayor y junto a su oficio: «Y después parió á su hermano Abel. Y fué Abel pastor de ovejas, y Caín fué labrador de la tierra» (Genesis 4:2). Dos hermanos, dos trabajos. El texto no dice nada de su crianza, de su edad ni de ningún otro hecho de su vida diaria.
La ofrenda mirada con agrado
La segunda mención es una ofrenda: «Y Abel trajo también de los primogénitos de sus ovejas, y de su grosura. Y miró Jehová con agrado á Abel y á su ofrenda» (Genesis 4:4). Vale la pena distinguir lo que el versículo afirma de lo que no. Afirma que Abel trajo de los primogénitos y de la grosura, y que Jehová miró con agrado a Abel y a su ofrenda. No explica allí el motivo de ese agrado. La explicación llega mucho después: «Por la fe Abel ofreció á Dios mayor sacrificio que Caín, por la cual alcanzó testimonio de que era justo, dando Dios testimonio á sus presentes; y difunto, aun habla por ella» (Hebrews 11:4). La fe, y no solo la materia del sacrificio, queda puesta en el centro.
El campo y la pregunta de Jehová
La tercera mención es su muerte: «Y habló Caín á su hermano Abel: y aconteció que estando ellos en el campo, Caín se levantó contra su hermano Abel, y le mató. Y Jehová dijo á Caín: ¿Dónde está Abel tu hermano? Y él respondió: No sé; ¿soy yo guarda de mi hermano?» (Genesis 4:8-9). La palabra «hermano» aparece cuatro veces en estos dos versículos. El crimen no se cuenta como un homicidio cualquiera: la pregunta de Jehová lo nombra por el vínculo que rompió. Abel, por su parte, no pronuncia una sola palabra en ningún pasaje. Lo que sabemos de él lo sabemos por su oficio, por su ofrenda, por su muerte y por el testimonio que Dios dio de él.
Su nombre vuelve en el nacimiento de Seth
La última mención en Genesis no lo tiene como protagonista, sino como recuerdo: «Y conoció de nuevo Adam á su mujer, la cual parió un hijo, y llamó su nombre Seth: Porque Dios (dijo ella) me ha sustituído otra simiente en lugar de Abel, á quien mató Caín» (Genesis 4:25). El hijo menor recibe nombre mirando hacia atrás, hacia el que ya no está. Abel sigue presente en la casa como ausencia.
Dónde están las faltas
De Abel no se registra pecado ni fracaso alguno. Lo que el texto expone sin maquillaje es la culpa de otro: Caín se levanta contra su hermano y lo mata, y luego responde a Dios con una negativa y una pregunta insolente (Genesis 4:8-9). Importa decirlo con honestidad y también no exagerar en la otra dirección: Abel no es declarado justo por su destreza de pastor, sino que «alcanzó testimonio de que era justo» por la fe, según Hebrews 11:4.
Lo que no sabemos
No se nombra ningún hijo suyo. No sabemos cuánto vivió, dónde vivió, ni qué dijo. Genesis 4:4 no explica por qué su ofrenda fue mirada con agrado y la de su hermano no. Fuera de esos pocos versículos, las demás menciones son notas de paso dentro de listas o enumeraciones, no relatos sobre él. Donde el texto calla, callamos.
La línea hacia Jesús
Los pasajes posteriores nombran a Abel en Matthew 23:35 y en Luke 11:51, y vuelven sobre él dos veces en Hebrews. El primero lo pone entre los testigos de la fe, con una frase notable para un hombre asesinado: «y difunto, aun habla por ella» (Hebrews 11:4). El segundo lo coloca frente a Jesús mismo: «Y á Jesús el Mediador del nuevo testamento, y á la sangre del esparcimiento que habla mejor que la de Abel» (Hebrews 12:24). La sangre de Abel habla; la de Jesús habla mejor. Así el primer muerto del relato no queda como una página cerrada, sino como la medida con la que se compara, y a la que supera, la sangre del Mediador.

