Pablo, testigo en Jerusalem y en Roma
Quién es y cuándo vivió
Pablo es un apóstol. Según Ussher, Annals of the World (1650), estuvo activo de d. C. 34 a d. C. 67. Su huella en el texto bíblico es enorme: 182 versículos repartidos en 44 pasajes y quince libros. La primera mención está en Acts 7:58 y la última en 2 Peter 3:15. La concentración mayor, con mucha diferencia, está en Acts, con 152 versículos; después vienen 1 Corinthians, Colossians, Philemon, 2 Corinthians, Galatians, Ephesians, 1 Thessalonians, 2 Thessalonians, 2 Timothy, Romans, Philippians, 1 Timothy, Titus y 2 Peter.
El comienzo de su historia queda señalado en Acts 7:58; Acts 8:1; Acts 8:3 y Acts 9:1. De esos versículos no tenemos aquí el texto, de modo que se dejan como referencias: son el punto donde el relato empieza a nombrarlo, y nada más añadimos.
El envío y el camino
La obra misionera aparece marcada en Acts 13:1-2, y el nombre reaparece una y otra vez en el trayecto: Acts 13:45-46, Acts 14:11-12 y Acts 15:35-36. De estas escenas tampoco tenemos las palabras, y no las reconstruimos.
Donde sí las tenemos, el retrato es vivo. En Acts 16:17-19 una muchacha lo sigue gritando: «Estos hombres son siervos del Dios Alto, los cuales os anuncian el camino de salud.» Aquello duró muchos días, «mas desagradando á Pablo, se volvió y dijo al espíritu: Te mando en el nombre de Jesucristo, que salgas de ella. Y salió en la misma hora.» La consecuencia es inmediata y muy comercial: «Y viendo sus amos que había salido la esperanza de su ganancia, prendieron á Pablo y á Silas, y los trajeron al foro, al magistrado.» El resto de aquel episodio queda referido en Acts 16:28-29 y Acts 16:36-37.
En Acts 17:13-16 los judíos de Tesalónica, al entender que también en Berea era anunciada la palabra de Dios por Pablo, «fueron, y también allí tumultuaron al pueblo». Los hermanos lo enviaron «como á la mar», mientras Silas y Timoteo se quedaban allí; quienes lo acompañaron «le llevaron hasta Atenas». Y allí, esperando, «su espíritu se deshacía en él viendo la ciudad dada á idolatría». Otras escenas del camino se citan en Acts 19:29-30, Acts 20:9-10, Acts 21:29-30 y Acts 21:39-40.
Preso, y con destino nombrado
En Acts 23:10-12 la disensión llega a tal punto que el tribuno teme «que Pablo fuese despedazado de ellos» y manda soldados para arrebatarlo de en medio y llevarlo a la fortaleza. Esa noche llega la palabra que gobierna todo lo que sigue: «Confía, Pablo; que como has testificado de mí en Jerusalem, así es menester testifiques también en Roma.» Al venir el día, algunos de los judíos «hicieron voto bajo de maldición, diciendo que ni comerían ni beberían hasta que hubiesen muerto á Pablo».
La conjura se rompe por un detalle familiar que el relato conserva: «un hijo de la hermana de Pablo, oyendo las asechanzas, fué, y entró en la fortaleza, y dió aviso á Pablo» (Acts 23:16-18). Pablo llama a un centurión y el joven es llevado al tribuno.
En Cesarea, ante el tribunal, los acusadores ponen «muchas y graves acusaciones, las cuales no podían probar». Él responde: «Ni contra la ley de los Judíos, ni contra el templo, ni contra César he pecado en nada.» Y cuando Festo, «queriendo congraciarse con los Judíos», le propone subir a Jerusalem, apela: «Ante el tribunal de César estoy, donde conviene que sea juzgado. A los Judíos no he hecho injuria ninguna, como tú sabes muy bien» (Acts 25:6-10). El proceso deja más rastros en Acts 23:5-6, Acts 24:23-24, Acts 24:26-27, Acts 26:24-25 y Acts 26:28-29.
En Acts 28:15-17 los hermanos salen a recibirlo «hasta la plaza de Appio, y Las Tres Tabernas», y al verlos «dió gracias á Dios, y tomó aliento». En Roma se le permite estar por sí, con un soldado que le guardase, y tres días después convoca a los principales de los judíos: «Yo, varones hermanos, no habiendo hecho nada contra el pueblo, ni contra los ritos de la patria, he sido entregado preso desde Jerusalem en manos de los Romanos.»
Las cartas y las menciones sin escena
Buena parte de las apariciones de su nombre no son escenas, sino encabezados, firmas y despedidas: Romans 1:1; 1 Corinthians 1:1; 2 Corinthians 1:1; Galatians 1:1; Ephesians 1:1; Philippians 1:1; Colossians 1:1; 1 Thessalonians 1:1; 2 Thessalonians 1:1; 1 Timothy 1:1; 2 Timothy 1:1; Titus 1:1; Philemon 1:1, y los cierres de 1 Corinthians 16:21, 2 Thessalonians 3:17, Colossians 4:18, 2 Timothy 4:22 y Philemon 1:19. Su nombre aparece además en una disputa dentro de una iglesia, en 1 Corinthians 1:12-13 y 1 Corinthians 3:4-5, y otra vez en 1 Corinthians 3:22. De esos textos no disponemos aquí de las palabras, y por eso se citan sin comentario.
Lo que no sabemos
No se nombran sus padres. No se nombran hijos suyos. No se da tribu ni pueblo. De su parentela, lo único que el texto citado conserva es aquel sobrino, «un hijo de la hermana de Pablo» (Acts 23:16). Donde el relato calla, callamos también.
La línea hasta Jesucristo
El nombre de Jesucristo está en su boca en un momento incómodo, cuando la irritación se convierte en orden: «Te mando en el nombre de Jesucristo, que salgas de ella» (Acts 16:18). Y el Señor mismo se le presenta cuando está preso, no para sacarlo, sino para darle tarea: testificar de él en Jerusalem y también en Roma (Acts 23:11). Eso es lo que sucede: llega a Roma, da gracias a Dios, toma aliento y sigue hablando (Acts 28:15-17). Sus cartas se abren con su nombre de apóstol (1 Timothy 1:1; 2 Timothy 1:1), y en 2 Peter 3:15 su nombre vuelve a aparecer dentro del testimonio apostólico. El testigo es llevado adonde no habría escogido ir, y allí precisamente cumple la palabra que se le dio.
